Mateo Chapitre 15
Biblia Peshitta en Español
1
Entonces algunos fariseos y escribas de Jerusalén, acercándose a Jesús, dijeron:
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¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.
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Contestándoles Jesús, dijo: ¿Por qué también ustedes quebrantan el man-damiento de Dios a causa de su tradición?
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Porque Dios dijo: “HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE ”, y: “EL QUE INJURIE A SU PADRE O A SU MADRE MORIRÁ IRREMISIBLEMENTE ”,
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pero ustedes dicen: “Todo el que diga a padre o madre: ‘Es mi ofrenda a Dios cualquier cosa de mí que les sea de provecho’, ya no necesita honrar a su padre o a su madre”,
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invalidando así la palabra de Dios por su tradición.
7
¡Hipócritas! Bien profetizó acerca de ustedes el profeta Isaías cuando dijo:
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”. Lo que en realidad contamina al hombre (Mr. 7:14-23)
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Convocando entonces a las multitudes, les dijo: Escuchen y entiendan:
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Lo que entra a la boca no es lo que contamina al hombre, sino lo que sale de la boca. Eso es lo que contamina al hombre .
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Acercándose después sus discípulos, le dijeron: ¿Sabías que los fariseos se ofendieron al escuchar esta palabra?
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Él les respondió, diciendo: Toda planta que no haya plantado mi Padre que está en el Cielo, será desarraigada .
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Déjenlos. Son ciegos, guías de ciegos, y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un hoyo.
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Simón Cefas respondió, y le dijo: Señor mío, dinos qué significa esta parábola.
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Él les dijo: ¿Aún no comprenden ustedes?
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¿No comprenden que lo que entra a la boca va al estómago y de allí es evacuado y desechado?
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Pero lo que sale de la boca proviene del corazón , y eso es lo que contamina al hombre,
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porque los malos pensamientos, el adulterio, el homicidio, la fornicación, el robo, el falso testimonio y la blasfemia provienen del corazón,
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y son estas cosas las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina. La fe de la mujer cananea (Mr. 7:24-30)
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Y se marchó Jesús de allí, dirigiéndose a los límites de Tiro y de Sidón ,
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y he aquí que una mujer cananea de aquellos contornos salió gritando, y dijo: ¡Ten misericordia de mí, Señor mío, hijo de David ! Un espíritu maligno manipula perversamente a mi hija.
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Pero Él no le respondió palabra. Acercándose entonces sus discípulos, le suplicaron y dijeron: Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros.
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Contestándoles Él, dijo: No he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel .
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Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: ¡Ayúdame, Señor mío!
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Jesús le dijo: No está bien tomar el pan de los hijos y arrojárselo a los perros ,
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pero ella contestó: Sí, Señor mío, pero hasta los perros comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos y sobreviven.
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Entonces Jesús le dijo: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Que te sea hecho conforme a tu anhelo. Y su hija fue restaurada en ese mismo momento. Jesucristo realiza muchas sanidades junto al mar de Galilea
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Partiendo Jesús de allí, llegó junto al mar de Galilea, ascendió a un monte, y reposó allí.
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Acudieron entonces a Él grandes multitudes trayendo consigo a cojos, ciegos, mudos, lisiados y a muchos otros, y los ponían a los pies de Jesús, y Él los sanaba ,
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de modo que quedaban admiradas las multitudes cuando veían que los mudos hablaban, que a los lisiados se los restauraba, que los cojos caminaban y que los ciegos veían. Y glorificaban al Dios de Israel. Alimentación milagrosa de cuatro mil (Mr. 8:1-9)
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Llamando Jesús a sus discípulos, les dijo: Tengo misericordia de esta multitud, pues he aquí, ya han estado tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero mandarlos en ayunas, no sea que desfallezcan por el camino.
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Sus discípulos le preguntaron: ¿Dónde podremos conseguir pan en el desierto para saciar a una multitud tan grande?
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Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le contestaron: Siete, y unos cuantos pescados pequeños.
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Entonces ordenó a la multitud que se sentara en el suelo,
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y enseguida tomó los siete panes y los pescados, y habiendo alabado los partió y los entregó a sus discípulos, y ellos los repartieron a las multitudes,
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y todos comieron y se saciaron, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos llenos.
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Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
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